Esa tibia mesura demodé
Publicado el 29 de Enero de 2024 acá: Esa tibia mesura demodé (suractual.com.ar)
Reflexiones fuera de época
El tratamiento legislativo del Proyecto de Ley Omnibus
enviada por el nuevo gobierno, que cuenta con más de 600 artículos que
pretenden modificar leyes de diversa naturaleza, sumado al tratamiento del DNU
70/2023 denominado “Bases para la reconstrucción de la economía argentina” que
contiene 366 artículos con los que el gobierno de Milei pretende iniciar una
etapa casi refundacional del país, vinieron con una pretensión clara desde el
Poder Ejecutivo: “Acá no se negocia nada”.
Esta idea del “todo o nada” viene haciendo mella no
sólo en la Argentina sino también en buena parte del mundo.
El shock inicial del gobierno, que parece subestimar
su debilidad legislativa, aparece como un posicionamiento claro y definido frente
al gradualismo de otras épocas, pero asimismo desnuda la posición del gobierno
respecto al debate político, respecto a la opinión disonante y en definitiva
muestra lo que entiende el gobierno por democracia.
“Gobernar por decreto es decidir sin deliberar con los
demás y asumirse infalible” sostuvo Martín Bohmer su nota “El DNU de Milei y el
espíritu de la libertad” (https://www.lanacion.com.ar/politica/el-dnu-de-milei-y-el-espiritu-de-la-libertad-nid22122023/). Obviamente quien se asume infalible entiende
innecesaria la opinión de los demás y desconoce la posibilidad de que esta
pudiera enriquecer su posición original.
La subestimación de los matices, del debate, y en
definitiva de la reflexión, viene caracterizando un proceso político que deja
de lado las posiciones intermedias o dialoguistas para poner foco en las
posiciones más extremas e irreflexivas.
La reflexión y el espíritu democrático de quien
advierte como razonable un argumento del adversario son vistos como un demérito
y aquel será arrojado por ello al campo de la tibieza, donde según vaya a saber
quién, resultaría damnificado por la mala digestión del barba.
Y al campo de la tibieza iría a parar todo aquel que
decida no confrontar con vehemencia, y ajustarse sólo a intentar garantizar un
marco de reflexión acorde al nivel de crisis que la Argentina tiene sobre
manos.
Esta nueva situación muestra incómodos a muchos
partidos políticos tradicionales en Argentina, caracterizados por su defensa
irrestricta de los procedimientos democráticos y de las instituciones.
Es que gran parte del arco político apoya todo su
ideario en aquel procedimiento democrático.
Esta identificación del ideario de los partidos
tradicionales con los postulados de la Constitución encuentra en nuestro país
diversas causas que serán analizadas a continuación.
En primer lugar, la vida en democracia supone el
reconocimiento de la capacidad de todas las personas para formar parte del
proceso de toma de decisiones, con lo cual defender aquel proceso garantizará, como
consecuencia de ello, mejores decisiones.
Por otra parte, el proceso de reconocimiento de
diversos derechos, no sólo civiles, sino fundamentalmente económicos y sociales
a través de su incorporación en el texto constitucional o mediante los tratados
internaciones de los que Argentina forma parte, ha condicionado notablemente
nuestra democracia y, como consecuencia de ello, el ideario de los partidos
políticos en nuestro país (caracterizados además desde siempre por una visión
de tipo humanista).
Además, nuestra historia caracterizada por sucesivos golpes
institucionales hizo que defender la Constitución y sus procedimientos
democráticos se constituya en un ideario lo suficientemente sólido.
Abona también a esta realidad cierta pretensión
movimientista de los partidos tradicionales, caracterizada por el intento de representar
dentro de su estructura, casi todo el abanico ideológico existente. Ello se
demuestra toda vez que en Argentina no parece alcanzar el adjetivo
correspondiente a cada partido político para definir claramente la ideología
del individuo que pretende, con su utilización, ser reconocido.
Con esta intención de aglutinar voluntades los
partidos políticos tradicionales han ido presentando, en cada convocatoria
electoral, programas electorales vagos, sin definiciones específicas, de manera
de no condicionar su posible gestión de gobierno, y el margen de pragmatismo
que consideran pertinente para que el líder de turno encuentre las herramientas
para administrar las diversas situaciones que se le presentan.
El escenario descripto y una comunidad ávida de
posiciones concretas (a veces también mágicas e inaplicables) incomoda a la
política tradicional que pretende explicar (a veces con razón) que en un
pequeño libro están todas las respuestas, emulando al “Encuentro en Cajamarca”
que inmortalizó Victor Heredia.
La política tradicional en particular, y la democracia
en general, tienen el enorme desafío de encontrar salidas del laberinto donde
nos encontramos.
Donde cada expresión política deberá expresar la
importancia del proceso democrático, pero también deberá avanzar sobre la
definición de soluciones concretas para la agenda actual. Aunque esa necesaria
discusión ponga en crisis ciertas identidades.
Es decir que la defensa institucional o procedimental
no debe subestimar la discusión técnica, para lo cual los Partidos deberán
contar con los equipos que dicho debate requiere.
Y finalmente es intención de estas líneas poner en
valor la tibieza reflexiva.
La brutalidad de la desmesura termina abonando a la
democracia delegativa. Aquel líder que se autopercibe infalible y que desconoce
la opinión del resto, termina inexorablemente considerándose autorizado a
gobernar sin consultas ni controles.
Ese tipo de experimento, donde todo es blanco o negro,
resulta de imposible aplicación en sociedades tan complejas como la
contemporánea.
La actualidad muestra sociedades caracterizadas por el
desacuerdo, sociedades heterogéneas y fragmentadas en múltiples intereses que
entran en juego ante cada decisión.
De esta forma, el empresario que reclama ciertas modificaciones
en materia laboral podría rechazar privatizaciones de empresas públicas (y aún
dentro de estas acordar con algunas y rechazar otras), o quienes defienden las
modificaciones electorales podrían rechazar las propuestas en materia
ambientales.
La importancia de la discusión, de los matices, en un
marco propicio para la argumentación y el intercambio de ideas, se vuelve
central para compatibilizar estos múltiples intereses en pugna recuperando el
valor de esa tibia mesura demodé.
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