Super Martes. Un hábil entramado para que nada cambie
Publicado el 8 de Noviembre de2016 acá: Súper Martes (suractual.com.ar)
Ha llegado el esperado Super
Martes, el día en el cual el país más poderoso del planeta elige quién será su
presidente los próximos 4 años.-
Pero técnicamente, los
ciudadanos estadounidenses no elegirán hoy a su Presidente. En realidad, conforme a su sistema de elección
presidencial “indirecta”, elegirán a los electores que en el Colegio Electoral
decidirán finalmente la suerte del país.-
Dedicaré entonces este trabajo a
analizar las mencionadas reglas de juego, que nuestro país adoptó hasta el año
1994.-
El modelo estadounidense en mi
modesta opinión estalló por los aires en la fatídica noche del 7 de Noviembre
del 2000 en la que George Bush se
convirtió en Presidente con muchos menos votos que su contrincante, el
Demócrata Al Gore (situación que ya había ocurrido en 1876 y 1888 donde el
elegido Presidente tenía menos votos que su rival). Ya nada sería igual a
partir de esa noche, la democracia madre de democracias mostraba sus hilachas.-
Resulta interesante analizar a
esta altura cuales fueron los fundamentos filosóficos que justificaron el
establecimiento de este sistema, el cual generó fuertes disputas desde su creación.-
Dijimos entonces que la
elección del presidente se traduce en la elección de electores, los cuales,
reunidos a tal efecto, seleccionan el Presidente de la Nación.-
El modelo de elección indirecta
se fundamentaba en la convicción de los “padres fundadores” del modelo
estadounidense (es decir, los constituyentes de 1787) acerca que las elecciones
directas favorecían que la población resulte seducida por líderes demagogos y
populistas.-
La posibilidad de reunir a los
representantes en un ámbito pequeño, y alejado de sus representados y de las
presiones que estos pudieran efectuar, daba (según el extraño criterio
democrático sustentado) mayores garantías respecto a las decisiones a
adoptar.-
El delegado por New York a la
Convención de Filadelfia Alexander Hamilton, en la publicación denominada “El
Federalista” Nº 68 dejó trascender claramente la justificación del mecanismo
adoptado: “La elección inmediata debería ser hecha por los hombres más capaces
de analizar las cualidades ajustadas al puesto, y actuar en circunstancias
favorables a la deliberación, y a una combinación sensata de todas las razones
que fueran apropiadas para gobernar su elección”[1].-
Evidentemente, los fundamentos
que sostuvieron desde un principio al sistema de Colegio Electoral no se
ajustan a la convicción democrática acerca de la capacidad de todos los
ciudadanos para participar en los procesos de toma de decisiones.-
Hay que decir no obstante, que
el sistema ha demostrado en la generalidad de los casos, que los electores se
mostraron respetuosos de sus mandatos partidarios y votaron al candidato de sus Partidos
Políticos en el seno del Colegio Electoral, salvo en la Argentina.-
Fue justamente en nuestro país donde se vulneró
el mandato brindado por la ciudadanía. En efecto, en el año 1989, los electores
de la UceDé no votaron en el Colegio Electoral a su candidata a Senadora María
Julia Alzogaray, sino que lo hicieron por el candidato Justicialista Eduardo
Vaca, con los cuales superó a su contrincante, el radical Fernando De La Rúa,
constituyendo una afrenta a los electores y al Sistema Democrático en su
conjunto.-
Pero el déficit democrático del
sistema de Colegio Electoral se acentúa en Estados Unidos toda vez que el que
triunfa en un Estado determinado se lleva la totalidad de los electores de ese
Estado, no resultando la representación, proporcional a la cantidad de votos.-
Frente a las constantes
críticas de las que es pasible el sistema, sus defensores actuales se recuestan
sobre los principios federalistas. En efecto, la representación de los Estados
en el Colegio Electoral brinda a estos cierta equiparación teniendo en cuenta
el número mínimo de diputados asignados y la igualitaria representación senatorial
(ello por cuanto cada Estado cuenta con la misma cantidad de electores que sus
representación en ambas Cámaras).-
No obstante, este argumento
tampoco logra conmover los sólidos argumentos democráticos que se fundamentan
en el elemental principio de “un hombre, un voto”.-.
El sistema carece además de
apoyo popular en Estados Unidos. En una encuesta de Gallup[2] en el
año 1968, los ciudadanos de aquel país se manifestaban en un 81% en acuerdo a
una enmienda que suprimiera el Colegio Electoral y basara la elección a
Presidente en el voto directo en toda la Nación.-
Casi 50 años después de aquella
encuesta no ha habido intento de reforma de ninguno de los partidos
mayoritarios estadounidenses que haya receptado las inquietudes de aquella
abrumadora mayoría.-
En fin, voto voluntario en un
día hábil, terminan de conformar, junto con un complejo sistema de frenos y
contrapesos, un hábil entramado diseñado para que nada cambie demasiado.-
[1] The Federalist, Nueva York, Modern
Library, pág. 441.-
[2] Encuesta citada por Laurence
Longley y Alan Braun en “The Politics of Electoral College Reform”, 2da. Ed.,
New Haven, Yale University Press, 1975, pag 154.-
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