¿Querés que te cuente el cuento de la buena pipa? Crónica de una Provincia que siempre vuelve a comenzar
Publicado el 6 de Noviembre de 2022 acá: ¿Querés que te cuente el cuento de la buena pipa en Chubut? - ADNSUR - Crónica de una Provincia que siempre vuelve a comenzar.
“Las políticas de Estado son aquellas compartidas por todas las
expresiones políticas relevantes de un país y cuya ejecución, en consecuencia,
no depende de los cambios que puedan producir en los gobiernos los resultados
electorales.” sostuvo Rosendo Fraga en la nota denominada “Las Políticas de
Estado” publicada en el diario La Nación el 11 de Noviembre de1998.
Son, en definitiva, un núcleo de coincidencias básicas y elementales
para brindar condiciones de crecimiento, de desarrollo.
La política cotidiana discutirá un importante abanico de
cuestiones sometidas a su arbitrio, pero aquellas pocas que forman parte de
aquel acuerdo básico denominado “Políticas de Estado”, quedarán excluidas del
debate público, al menos por un buen tiempo.
La vigencia de decisiones estratégicas sin importar el partido político
que gobierne resulta el presupuesto imprescindible para generar certeza en la
ciudadanía y en los inversores.
La provincia del Chubut tiene una enorme deuda pendiente en la
materia. La llegada de un nuevo gobierno opera, desde antaño, como un punto de
inflexión a partir del cual se pone en cuestionamiento todas y cada una de las
líneas políticas del gobierno anterior y se inicia una supuesta “etapa
fundacional” de la provincia que vendría, según sus protagonistas, a sentar las
bases de un nuevo Chubut.
Así, una y otra vez…
La pregunta que corresponde efectuar a esta altura es si la
provincia del Chubut tuvo la desgracia de ser cooptada por sucesivas
generaciones de dirigentes políticos caprichosos, irreflexivos, y sólo
empecinados en mantener vigentes las divergencias políticas.
La respuesta es un rotundo NO.
Las notorias dificultades que experimenta la política chubutense
para alcanzar acuerdos perdurables encuentra múltiples causas; una de las
cuales intentaré abordar en estas líneas, y es el sistema institucional con el
que los chubutenses decidimos convivir.
Un rápido análisis de los sistemas institucionales nos permitirá
concluir que estos se conforman como una especie de manta corta. La decisión de
dar cobertura a alguna prioridad en particular, provocará irremediablemente
desnudar otras cuestiones.
En nuestro caso, la organización del poder prevista en Chubut
por el constituyente de 1957 priorizó el principio de gobernabilidad. La idea
que abrazaron las constituciones de la época tenía la firme intención de dotar
de estabilidad al sistema, en tiempos donde la democracia no gozaba de tal
característica en nuestro país.
La preocupación del constituyente se centró en garantizar que
quién obtuviera la primera magistratura provincial pueda llevar adelante el
plan de gobierno votado por la ciudadanía. Una preocupación a todas luces
loable.
La idea de que el gobernador electo pueda transcurrir su mandato
sin crisis política, fue uno de los principales objetivos del constituyente,
previendo en función de ello muchos de los arreglos institucionales vigentes.
En tal sentido, el constituyente chubutense garantizó que
quién obtuviera el triunfo electoral, por escaso que este fuera, contaría con la
mayoría absoluta de la representación legislativa (específicamente obtiene 16
sobre los 27 diputados provinciales).
Es
dable recordar que era muy extraño por aquellas épocas un corte de boleta de
tal envergadura que hiciera peligrar, al candidato a gobernador electo, el
acompañamiento de la mayoría legislativa.
Pero
esta decisión, como dije loable, que por un lado permitió que los sucesivos
gobiernos electos lleven adelante sus gestiones sin crisis políticas, por otro
lado desincentivó la colaboración política, la búsqueda de acuerdos básicos que
posibiliten el desarrollo de políticas de estado sustentables.
En
el esquema seleccionado, los sucesivos gobiernos no necesitaban el
acompañamiento de la oposición para llevar adelante sus planes, salvo el caso
de decisiones muy puntuales donde se requería una mayoría agravada (por ejemplo
la conformación del Superior Tribunal de Justicia, las normas electorales). Por
otra parte, esa oposición que no participaba de las decisiones más relevantes,
sólo tenía el incentivo de encontrar estrategias de bloqueo y desgaste que le
permitan acceder al Gobierno en el próximo turno electoral.
Si
bien el entramado institucional garantizó la estabilidad de la democracia
chubutense, permitiendo que los gobernadores transcurran su mandato con el
acompañamiento legislativo a su plan de gobierno, la estrategia se encontró en
el camino con serias dificultades para afrontar situaciones en las que el gobernador
necesitaba mostrar un consenso mayor al habitual.
Tal
dificultad se ha manifestado a lo largo de nuestra historia ante situaciones
donde la provincia atraviesa crisis económicas, ante obras o transformaciones
de envergadura, o ante la necesidad de atraer inversiones de magnitud.
Cuando
la provincia atraviesa crisis económicas importantes, el gobierno intenta
mostrar un grado de consenso especial y un acompañamiento notable a sus
medidas. En estos casos recurre a aquella oposición ninguneada en momentos de
éxito que recibe, en épocas de crisis, invitaciones a sumarse a las medidas de
emergencia con el objeto de mostrar consenso político. Una invitación a subirse
al Titanic ante la inminencia del impacto al iceberg.
Este
superconsenso es imprescindible también frente a obras que por su magnitud podrían
desarrollarse en más de mandato, corriendo el riesgo del cambio de color político
durante su construcción (por caso las obras hídricas imprescindibles para algunas
regiones de la provincia). Similar situación se da ante inversiones que prevean
planes de negocios extensos en los cuales el inversor requiere percibir un
consenso tal que elimine el riesgo del cambio de reglas de juego en el
desarrollo de su plan.
En
estas situaciones, terminan prevaleciendo las estrategias de bloqueo
interpartidario sobre la necesidad de alcanzar consensos perdurables.
El
sistema ha desincentivado en la práctica la colaboración política, la obtención
de acuerdos básicos que permitan, entre otras cosas, mostrar a la provincia
confiable, y con ello generar empleo genuino.
La búsqueda de acuerdos básicos debe constituirse en el objetivo
central de la política chubutense para recuperar las herramientas necesarias
para transformar la realidad. Es esencial entonces que la provincia recupere la
capacidad de debatir ideas, sin la intolerancia y la violencia que
lamentablemente se nos coló por la ventana.
Discutir estrategias y reglas de juego tanto como se considere
necesario, pero luego de tomadas las decisiones es obligación de la dirigencia
aburrirnos con la estabilidad imprescindible para mostrarnos confiables.
Debemos ser capaces de sumarnos a una obra colectiva, que no
comience cada cuatro años, sino que se levante con acuerdos mínimos e
imprescindibles, pero que sienten las bases donde cada nueva gestión aportará
su impronta, sin derribar los cimientos.
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