Las crisis económicas, la dispersión del voto, el presidencialismo. Una convivencia peligrosa
Publicada el 31 de Octubre de 2022 acá: Las crisis económicas, la dispersión del voto, el presidencialismo: una convivencia peligrosa (suractual.com.ar)
El sistema de gobierno vigente en la Argentina se
caracteriza por una importante concentración de facultades sobre la cabeza del
Poder Ejecutivo Nacional.
El poder real pasa por obtener esa Primera Magistratura,
lo que oficia además de único y exclusivo incentivo de las facciones que
compiten democráticamente.
Ocurre que el sistema que deposita tamaña
responsabilidad en el Presidente de la Nación, exige que el mismo cuente con un
acompañamiento importante de la población. Y cuando ello no ocurre, el sistema
proporciona la herramienta para aglutinar mayor nivel de acompañamiento en
quien resulte el candidato electo, “el ballotage”. A través de esta segunda
vuelta entre los dos candidatos más votados, el sistema pretende dotar de la
legitimidad de origen necesaria para afrontar el cúmulo de responsabilidades a
su cargo. Una especie de licencia de conducir especial.
El entramado institucional diseñado confía tanto en la
capacidad de quién ocupe la Primera Magistratura Nacional (confianza ésta
basada en perimidos argumentos de tipo elitistas), que cualquier merma en el
reconocimiento popular al Presidente pone en jaque al sistema en su conjunto.
He sostenido en reiteradas ocasiones que el Sistema
Presidencialista vive como una crisis algo que debiera ser natural, es decir la
posible merma en el acompañamiento popular a la gestión de gobierno en curso, o
la aparición de una nueva mayoría.
El fenómeno, denominado por la ciencia política como
“falta de válvulas de escape del sistema presidencialista”, advierte que los
mecanismos previstos por el sistema para corregir el evento (renuncia del
presidente, juicio político o revocatoria de mandatos) no se han mostrado
eficaces en la práctica.-
Y
es que justamente el problema de un sistema que permite la acumulación excesiva
de poder en una persona se produce cuando esa persona deja de ser reconocida
por sus representados.
Esta
situación se pone de manifiesto muchas veces en las elecciones legislativas de
medio término.
El
disgusto con la gestión presidencial en curso suele manifestarse a través de
una victoria rotunda de la oposición en las elecciones legislativas de medio
término o mediante una notoria dispersión del voto, un evento que resulta
habitual en tales convocatorias electorales.
Y
es que como sostenía el prestigioso constitucionalista argentino Carlos
Santiago Nino, en nuestro país convive la presión del sistema proporcional de
selección de los Diputados hacia un multipartidismo, con la presión del sistema
de mayorías para la elección presidencial hacia un bipartidismo.
En
situaciones estables, la presión hacia el bipartidismo ejercida por la elección
presidencial prevalece frente a la presión hacia el multipartidismo de las
elecciones parlamentarias. Pero sólo en situaciones estables.
Recientes
experiencias demuestran que cuando la inestabilidad (política o económica) gana
la calle, la dispersión del voto comienza a resultar también protagonista de
las elecciones presidenciales.
Ello
ocurrió luego de la crisis del 2001.
Las
elecciones legislativas del 2001 ya mostraban un profundo rechazo a la gestión
presidencial de la coalición denominada “La Alianza”, pero también un
desencanto popular comenzaba a percibirse a través del denominado vulgarmente
como “voto bronca” (voto nulo o no voto).
Las
elecciones presidenciales del 2003 fueron marcadas por una profunda dispersión
del voto, causada por la crisis económica, la crisis de representatividad y la
división de los Partidos Mayoritarios. En dicha elección el candidato más
votado fue Carlos Menem con el 24.45% de los votos, seguido por Néstor Kirchner
con el 22.25%, quien finalmente accedería a la Presidencia ante la renuncia de
Menem al ballotage.
Si
bien no contó con la legitimidad de origen que le hubiera otorgado un
ballotage, Kirchner obtuvo a poco de andar un importante acompañamiento popular
que se manifestaba elección tras elección. A pesar de ello, y advirtiendo el
riesgo que la dispersión del voto proporcionaba en el Sistema Presidencialista,
el oficialismo propició en Diciembre de 2009 la sanción de la ley 26571
denominada por sus autores “Ley de Democratización de
Dicha
ley tenía el objeto de abordar las dificultades proporcionadas por la
dispersión del voto. De esta manera la ley incluyó mayores requisitos para que
los Partidos Políticos sostengan la personería (con el objeto de disminuir la
oferta electoral) y con el mismo objeto se Incluyeron las Primarias Abiertas,
Simultáneas y Obligatorias (PASO) de manera de concentrar el voto en la
elección general. De esta forma, la propuesta era afianzar el bipartidismo.
La
crisis económica y política que atraviesa la Argentina en el año 2022 prende
las alarmas respecto a que la dispersión del voto protagonice las elecciones
presidenciales de 2023. Algunos encuestadores ya advierten la posible mejoría
en las performances que prevén para los Partidos Libertarios y para la
Izquierda.
En
un Sistema Parlamentario, que convive con la necesidad de formar acuerdos y
propiciar la colaboración política, tal dato no sería objeto de preocupación.
Pero
en el Sistema Presidencialista, no acostumbrado a los acuerdos políticos, que
encuentra en el acceso a la primera magistratura el único y exclusivo incentivo
de las fuerzas políticas, que atento al excesivo Poder brindado al oficialismo
este no encuentra incentivos para convocar a la oposición, que en tal contexto
la oposición suele hacer prevalecer estrategias de bloqueo con el objeto de
alcanzar el gobierno, la noticia requiere al menos especial atención.
Sobre
todo si se reconoce que la magnitud de la crisis del país exigirá al próximo
gobierno contar con el poder suficiente para imponer políticamente sus
propuestas que fueran sometidas al escrutinio popular.
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