El Poder Judicial en tiempos de crisis
Publicada el 16 de Septiembre de 2019 acá: El Poder Judicial en tiempos de crisis (suractual.com.ar)
En
momentos como los actuales, marcado por una crisis económica de características
estructurales, en las que un modelo de provincia ha volado por los aires como
en el caso de Chubut 2019, la comunidad suele exigir a las autoridades
judiciales, cuestiones que sus representantes políticos no pueden resolver.-
Y
parece ser cierto que la necesidad tiene cara de hereje.-
La
democracia confía en las decisiones que se adoptan mediante la discusión entre
todos los posibles afectados por aquellas decisiones, a través de este mal
necesario que termina siendo la representatividad política. En efecto, ante la
imposibilidad de encontrar un ámbito que permita que la ciudadanía en su
conjunto exprese sus opiniones, el sistema ha encontrado en la representación
política la manera en que todas las voces se encuentren presentes (en teoría al
menos) en el debate público-
Claro
que la representación tiene problemas y el sistema seleccionado también deja
que desear toda vez que, tal como lo sostuve en “Achicando los Arcos – Análisis
del juego democrático argentino a la luz de sus reglas. Proyectos de Reforma
Política”[1],
existe en Argentina un entramado institucional destinado a dificultar la
aplicación de la regla de la mayoría.-
Pero
con sus problemas a cuestas es nuestra democracia, y la actividad política, la
encargada de encontrar las soluciones más justas e imparciales en materia de
moral pública, partiendo siempre del entendimiento de que todos los ciudadanos
tenemos la misma capacidad para formar parte del proceso de toma de decisiones.-
Ocurre
que luego de los procesos electorales recientes, ante las dificultades económicas
que han tomado estado público, parte de la comunidad acude al Poder Judicial en
resguardo de sus derechos. Un Poder Judicial que responde a criterios
justificatorios muy diversos a los procesos democráticos. En efecto, el sistema
judicial se apoya en la creencia que un juez, gracias a su capacidad y nivel de
análisis, va a llegar a buenas soluciones para el caso propuesto.-
El
problema ocurre cuando ese juez debe resolver sobre cuestiones que por su
carácter colectivo atañen a una comunidad en su conjunto. Y en ese momento es
donde la tensión entre derechos y democracia se pone a la vista de la
comunidad.-
En
efecto, un derecho sobre la cabeza de una persona es, siguiendo a Ronald
Dworkin, una carta de triunfo ante decisiones mayoritarias. Es decir que una
mayoría coyuntural podrá hacer prevalecer sus decisiones en materia de moral
pública, pero sin poder avasallar un derecho, el que actuará, tal como dije,
como una carta de triunfo.-
Frente
a esas decisiones, aquel juez será quién se encuentre en mejores condiciones
para hacer prevalecer el derecho del particular ante posibles avasallamientos
de los poderes de turno.-
Pero
¿qué ocurre en aquellos casos en los que las crisis económicas adquieren
semejante magnitud que el resguardo de los derechos de quienes acuden al
sistema judicial, pone en riesgo los derechos de quienes todavía no han acudido
a tal sistema?. Cuando la escasez se hace presente de manera general, superando
la casuística que compromete el trabajo del juez de trinchera (con el respeto
de los jueces más cercanos a la resolución de casos individuales).-
En
estos casos, satisfacer plenamente los primeros reclamantes pondrá en riesgo el
derecho de otros, máxime en una situación donde el derecho al libre acceso a la
justicia no se encuentra reconocido de manera igualitaria a todos los sectores
de la comunidad.-
En
estas excepcionales situaciones, es complejo pensar en decisiones individuales
que se ajusten a los niveles de justicia que la crisis global exige.-
Por
otra parte el Sistema Judicial se sostiene sobre la convicción de una comunidad
que su existencia garantiza el ejercicio de los derechos consagrados en la
normativa vigente. Esta construcción de confianza es un trabajo cotidiano (que
muchas veces requiere la precisión de un relojero) al que deben prestar
atención las autoridades judiciales, en especial aquellas que tienen a su cargo
la máxima envestidura judicial, en el caso del Chubut el Superior Tribunal de
Justicia.-
Ahora
bien, ocurre que aquella construcción de autoridad a veces se ve condicionada
en los hechos (con las disculpas del caso a los puristas del derecho) por el
contexto político y social. Por ejemplo, es muy probable que asista razón a los
empleados públicos en reclamos judiciales para exigirle al Ejecutivo el pago en
término, pero si el dinero no se encuentra en las arcas provinciales, los
jueces sentenciantes habrán derrochado tinta y habrán rifado también el
prestigio del tribunal al que representan. El mismo caso aplica para los
afiliados a la Obra Social provincial, merecedores en este contexto de
sentencias de muy compleja aplicación.-
Pensar
que los jueces son quienes en mejores condiciones se encuentran para resolver
la crisis económica es un error, además de pulverizar los fundamentos
democráticos que confían en el debate de ideas de una comunidad dada, como el
proceso más eficiente a la hora de encontrar mejores soluciones y trocarlo por
fundamentos claramente elitistas que confían en la capacidad sólo de algunas
personas meditando.-
En
este estado de cosas si en cambio puede ser papel de los órganos judiciales, el
de convocar a un debate razonable entre las partes, brindando las garantías y
la confianza que evidentemente se perdieron, pero no mucho más que eso.-
No
parece ser este camino, el de la justicia, el camino razonable para abordar una
crisis como la actual, y no porque considere incapaces a los jueces sino porque
no creo que sea su papel, y además ni siquiera están las condiciones dadas para
garantizar la ejecutabilidad de sus eventuales decisiones, poniendo en este
caso en jaque al sistema en su conjunto.-
Es
la política, y eso lo saben todos.-
[1] “Achicando
los Arcos – Análisis del juego democrático argentino a la luz de sus reglas.
Proyectos de Reforma Política”. Editorial Remitente Patagonia
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