Cuando la grieta deja de ser negocio
Publicado el 15 de Enero de 2023 acá: Cuando la grieta deja de ser negocio - ADNSUR - Planes, objetivos, expectativas y equipos técnicos deben ponerse sobre la mesa para que cada ciudadano seleccione la que considera su mejor opción.
Toda convocatoria a la ciudadanía a renovar sus
representantes democráticos aparece como una maravillosa oportunidad para que
aquella revise su pasado reciente y rediscuta su futuro.
Planes, objetivos, expectativas y equipos técnicos deben
ponerse sobre la mesa para que cada ciudadano seleccione la que considera su
mejor opción.
En términos ideales, en los años electorales debieran
multiplicarse los ámbitos de discusión de ideas, donde cada facción pueda exponer
su diagnóstico, argumentar sus propuestas y rebatir las ideas de las restantes
facciones.
Pero así como la grieta impactó en el seno de las
familias y amigos, modificando relaciones personales por diferencias políticas
(que nunca se comprobó que fueran tan significativas), también el fenómeno
impactó en la calidad del debate democrático.
El estado de tribalización política, imperante en la
Argentina desde hace años, muestra a una sociedad dividida en bandos que se
autoperciben irreconciliables, donde “el adversario” se convierte en “enemigo”
al que hay que vencer y destruir.
La tribalización hace que los integrantes de cada
tribu sólo quieran interactuar con quienes piensan como ellos. Sólo informarse
en los medios que informen bajo la misma matriz de pensamiento. Las diferencias
ideológicas van de este modo profundizándose hasta un punto donde es casi
imposible pensar en la posibilidad del diálogo democrático.
Ese fenómeno no es exclusivo de nuestro país, ya que
se ha manifestado en diversas regiones del planeta, pero parece prevalecer en
sistemas de tipo presidencialista donde quién obtiene el Poder Ejecutivo se
queda con todo el poder disponible, mientras que la oposición sólo tiene el
incentivo de realizar maniobras de bloqueo con el objetivo de acceder al
gobierno. Así lo demuestran los recientes hechos protagonizados en Estados
Unidos y Brasil a partir de los últimos recambios gubernamentales. Enfrente,
los sistemas parlamentarios y la necesidad de conformar gobiernos a partir de
coaliciones que garanticen la mayoría, promueven la búsqueda de acuerdos entre
facciones.
En este contexto de “grieta” deberá desarrollarse la
campaña política del presente año que tendrá el objetivo de elegir nuevo
Presidente de la Nación, Gobernador de la Provincia, Intendentes, y
legisladores nacionales, provinciales y municipales. Pero esta vez, a
diferencia de las últimas citas electorales, con algunos condimentos
distintivos.
Como dije anteriormente, la grieta o “tribalismo”, ha
profundizado las diferencias ideológicas a un punto donde era imposible
imaginar un ámbito propicio para el intercambio de ideas entre las facciones.
La
categorización, es decir la pertenencia a uno de los bandos que conforman la
grieta, ahorra esfuerzos de análisis y argumentación. Sólo por ser integrante
de una de las categorías se presume un diagnóstico de la realidad, un análisis de
la situación y propuestas determinadas. Este “paquete” parecería aplicable
frente a "cualquier" contexto, el que se percibe como un dato menor.
Del pragmatismo
de otras épocas, que presumía la atención del contexto por sobre el programa
ideológico, se ha girado hacia un modelo donde sólo parece importar un cúmulo
de ideas todoterreno.
La grieta
propicia, en mi entendimiento, una profunda pereza intelectual. Quienes se
reconozcan en cualquiera de las facciones en pugna creen adquirir, sólo por
ello, una licencia para no justificar sus posiciones (o las posiciones de la
facción), las que se adoptan sin beneficio de inventario.
Este escenario acrítico requiere
de referentes que radicalicen las posiciones políticas y cualquier reflexión
que atienda algún argumento de la otra facción será vista como una
claudicación.
En definitiva, sin ámbitos
propicios para el intercambio de ideas, la grieta promueve líderes
irreflexivos, quienes se destacan dentro de cada una de las facciones.
Los Partidos Políticos,
vehículos canalizadores de las posiciones ideológicas, han contribuido a
dificultar cualquier intento librepensador y dialoguista. A través de sus
pretensiones de “organicidad” o “lealtad”, mediante las cuales intentan hacer
prevalecer la posición de las estructuras partidarias, han servido de
aleccionadores para cualquier intento conciliador.
Este fenómeno bautizado como “la
grieta” se ha puesto al servicio de parte de la dirigencia que advirtió, en la
división de la comunidad, una oportunidad para sus intereses mezquinos.
Sólo la confrontación
garantizaba una performance electoral que, ciertamente, brindaba chances de
triunfo.
Pero ello parece haber cambiado
de cara al escenario electoral de 2023.
Ocurre finalmente que todas las
mediciones que han tomado estado público parecen acreditar que este fenómeno,
que sirvió hasta ahora para ganar elecciones, hoy no alcanza. Que la
radicalización del discurso no logra conmover a una franja de la sociedad, hoy
electoralmente determinante, que espera soluciones concretas más que prejuicios
ideológicos, acuerdos perdurables más que peleas de microclima, previsibilidad
más que incertidumbre.
El contexto descripto demuestra
que hay buenas razones para esperar, ya sea por convicción o por conveniencia, que
en las distintas facciones en pugna prevalezcan las opciones más reflexivas,
mesuradas y tolerantes.
Estas condiciones, reflexión,
mesura y tolerancia, parecen convertirse en los presupuestos ineludibles para
que la Argentina pueda conciliar un marco de acuerdos mínimos que le permitan
elaborar un plan de desarrollo sustentable, perdurable e inclusivo.
Hay buenas razones, insisto,
para confiar que a partir de 2023 nuestro país abandone una oscura etapa de
desencuentros y se encamine hacia un nuevo modelo de democracia donde las
diferencias ideológicas vuelvan a ser nada más que eso.
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