Chubut. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de autonomía provincial?
Publicada el 19 de Noviembre de 2022 acá: ¿A qué nos referimos cuando hablamos de autonomía provincial? - ADNSUR - Aproximación a un concepto integral.
Aproximación
a un concepto integral
Es
habitual escuchar hablar de “autonomía” provincial. Muchas veces en forma de
reclamos de no intromisión, dirigidas tanto al gobierno nacional o como a
diversas corporaciones. “Sólo los chubutenses decidiremos la suerte de la
provincia”, se suele exclamar.
A
primera vista, “autonomía” es la capacidad (en este caso de la provincia) para
darse sus propias normas. Autonomía como capacidad de decisión.
En
principio entonces, esta capacidad de darse sus normas encuentra origen en un
marco constitucional que así lo garantiza.
Pero
ocurre que la praxis cotidiana pone en juego tal capacidad, la condiciona. Es
decir que si bien el concepto de autonomía requiere en primer lugar un Estado
provincial que decida sobre cuestiones que el marco legal pone bajo su poder de
decisión, también, por otro lado, requiere la solvencia económica que brinde
cobertura a tales decisiones autonónomas.
Y
es en este punto que empezamos a reconocer la existencia de una autonomía
política (la capacidad para tomar decisiones), pero también de una autonomía
económica (la capacidad de llevar a la práctica aquellas decisiones).
Esa
solvencia económica provincial se obtiene, fundamentalmente, a través de
economías privadas prósperas.
La autonomía provincial en números
Cuando
hablamos de autonomía económica se entiende que nos estamos refiriendo al total
de los gastos del Estado cubiertos con recursos propios (fundamentalmente recaudación
propia más regalías hidrocarburíferas).
Un
primer análisis de los niveles de autonomía provincial chubutense demostrará
que estos dependen exclusivamente de un elemento exógeno, ajeno a la voluntad
del poder político local, el valor internacional del petróleo (sumado al tipo
de cambio, otro elemento exógeno).
A
modo de ejemplo, la década de 1990 se caracterizó por un bajísimo precio
internacional del petróleo y, como consecuencia de ello, los niveles de
autonomía no superaron el 30% (siendo el más bajo índice el correspondiente a
1994 con un 22,57% y el más alto índice el correspondiente a 1997 con un
29,29%).
Es
decir que los recursos propios provinciales (recaudación propia más regalías)
cubrían por aquellos años un porcentaje menor al 30% del total de los gastos.
En
cambio, en la década del 2000, los precios record que alcanzó el petróleo propiciaron
altos niveles de autonomía provincial (por ejemplo 77,87% de autonomía en el
año 2002, 67,98% en el año 2003).
Esta
enorme brecha entre la performance de la economía provincial propia de años en
los que el precio del petróleo es alto, con aquellos en que dicho precio es
bajo, vuelve incierta la realidad provincial, que reposa en la suerte de aquel
producto.
En
ese sentido, la suerte de las gestiones provinciales, en materia de recursos,
también dependerá de este elemento que no se encuentra bajo su poder de
decisión.
Es
importe destacar a esta altura que los años de mayor nivel de autonomía
provincial (insisto que producto del alto valor del petróleo) coincidieron con
años en donde la economía Argentina experimentó tasas de crecimiento inéditas
en su historia (a partir del año 2003).
En
razón de ello entiendo que la economía provincial perdió por esos años la enorme
oportunidad que brindó el contexto más propicio de su historia para revisar su
matriz productiva, y generar las condiciones para un desarrollo sustentable y
equitativo.-
La
errónea decisión fue establecer al Estado como norte de todas las políticas y
único empleador a escala.
Sostuve
en reiteradas ocasiones que en los últimos veinte años la Provincia del Chubut
perdió la manera de vincularse de forma virtuosa con el sector privado y volcó
casi todo el esfuerzo estatal en el manejo del sector público.
Diversas
decisiones que generaron incertidumbre en el sector empresarial, mostraron a
una provincia que incrementaba de manera desmesurada los gastos públicos.
De
esta manera sostuve que en el período 2003 – 2021 la provincia del Chubut se
encontró entre las provincias que más incrementaron su empleo público (72
empleados cada 1000 habitantes en el 2020, año en el que el promedio nacional
era de 48 según datos de la Dirección de Asuntos Provinciales dependiente de la Secretaría de Hacienda del
Ministerio de Economía de la Nación), y a la vez entre las provincias que menos
incrementaron su empleo privado ( 4 puntos debajo de la media nacional según datos recabados por el Ministerio de Trabajo,
Empleo y Seguridad de la Nación).
Para
evaluar los niveles de autonomía provincial es preciso vincular los ingresos
provinciales con las erogaciones, en particular con la erogación más importante
que debe afrontar el Estado Provincial, la correspondiente a gastos en
personal.
Que
porción del esfuerzo provincial se destina a cubrir este colosal ítem??
En
el período 2003 – 2020, mientras el total de ingresos de la Provincia del
Chubut se incrementaron en un 7.462,88%, el total de gastos en personal se
incrementaron un 14.456,36%, es decir prácticamente el doble que los ingresos.
En
mi libro “Democracia y Desarrollo. El caso Chubut” (Ed. Remitente Patagonia) intenté
desentrañar esta evolución que desnudaba la manera en que esa fiera insaciable
necesitaba cada vez más alimento. Cada vez más porciones del esfuerzo colectivo
provincial eran destinadas a cubrir los gastos de personal.
Todo
ello, insisto, en un período que experimentó precios sumamente altos del
petróleo, y en años donde la economía argentina alcanzó tasas de crecimiento
inéditas en su historia.
En
el año 2003, según los informes que habitualmente presenta el especialista
Marcos Bensimón, el 98,57% de las regalías que recibió la provincia alcanzaron
para cubrir los gastos de personal que en dicho año erogó el Estado Provincial.
En
el año 2004 los gastos de personal necesitaron del 100% que la provincia
recaudó en concepto de regalías y el 0.3% de lo recaudado en concepto de
Coparticipación. El año 2005 se necesitó del 100% de las regalías y del 17,65%
de las sumas ingresadas en concepto de Coparticipación para afrontar los gastos
en personal y el año 2006 el 94,47% de las regalías alcanzaron para cubrir los
gastos de personal de la provincia.
A
partir del año 2007 el esfuerzo provincial para afrontar los gastos de personal
fue cada vez más notorio, y en ese año para afrontar dichos gastos la provincia
tuvo que utilizar el 100% de los ingresos por regalías y el 24,16% de los
ingresos provinciales por coparticipación.
A
partir del 2007 en todos los años hasta la actualidad la provincia tuvo que
destinar el 100% de los ingresos por regalías para cubrir los gastos de
personal.
En
el año 2012 además la provincia debió destinar para tal fin también el 100% de la
totalidad de los ingresos por Coparticipación, y se debió acudir además al
17,79% de la recaudación propia de la Dirección General de Rentas de la Provincia.
Desde
el 2012 a la fecha, la provincia destinó la totalidad de las sumas percibidas
en concepto de regalías, la totalidad de las sumas percibidas en concepto de
Coparticipación, y cada vez mayor porcentaje de la recaudación propia de la
Dirección General de Rentas para afrontar los gastos en personal.
Pero
en los años 2017, 2018 y 2020, la totalidad de las regalías, la totalidad de la
Coparticipación y la totalidad de lo recaudado por la Dirección General de
Rentas de la Provincia no alcanzaron a cubrir los gastos de personal que
afronta el Estado Provincial, debiendo acudir a otros medios para financiar el
mismo.
Inevitablemente
este proceso pone seriamente en jaque al resto de los servicios que presta el
Estado provincial y limita de manera notable el nivel de autonomía de las
autoridades constituidas.
Del dicho al hecho
El
escenario es evidente y la tendencia inevitable.
La
recuperación de la política como herramienta de transformación requiere de una
economía provincial sólida que brinde oportunidades de acceso al porvenir para
los miles de chubutenses que se encuentran fuera de la economía.
La
diversificación de la matriz productiva, la llegada de inversiones que generen
empleo genuino y el acompañamiento al sector privado dejan de ser sólo slogans
correctos de campaña para convertirse en necesidades imperiosas de una
provincia que necesita recuperar, más temprano que tarde, su autonomía real.
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